Espera en el Señor; por la mañana estaré en Tu presencia y Te contemplaré; Te confesaré por los siglos. Por la mañana estaré en Tu presencia y veré la salud de mi rostro, Dios mío, que también vivificará nuestros cuerpos mortales, por el Espíritu que habita en nosotros, porque con misericordia Se ha movido sobre nuestro abismo interior, oscuro e inestable; de Quien hemos recibido en esta peregrinación unas arras para que seamos ya luz: mientras somos salvados por la esperanza, y somos hijos de la luz, e hijos del día, no hijos de la noche ni de las tinieblas, que sin embargo un tiempo fuimos. Entre aquéllos y nosotros, en esta incertidumbre del conocimiento humano, sólo Tú divides; Tú, que pruebas nuestros corazones, y llamas a la luz día, y a las tinieblas noche. Porque ¿quién nos discierne, sino Tú? ¿Y qué tenemos que no hayamos recibido de Ti? De la misma masa se hacen vasos para honra, de los cuales otros también son hechos para deshonra.
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