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nydus/The Confessions of St. AugustinePublic
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Libro IV

Ti propicio a Ti airado? Pues ¿dónde no halla tu ley en su propio castigo? Y tu ley es la verdad, y la verdad eres Tú.

Vuélvenos, oh Dios de los Ejércitos, muéstranos tu rostro, y seremos salvos.

Porque a dondequiera que se vuelva el alma del hombre, si no es hacia Ti, queda adherida a los dolores, aun cuando esté adherida a cosas hermosas.

Y sin embargo ellas, fuera de Ti y fuera del alma, no serían, a no ser que procedieran de Ti.

Salen y se ponen; y al salir, comienzan por decirlo así a ser; crecen para perfeccionarse; y una vez perfeccionadas, envejecen y se marchitan; y no todas envejecen, pero todas se marchitan.

Así pues, cuando salen y tienden a ser, cuanto más rápidamente crecen para ser, tanto más se apresuran a no ser. Esta es su ley.

Otro tanto les has asignado, porque son porciones de cosas que no existen todas a la vez, sino que, pasando y sucediéndose, completan juntas ese universo del cual son porciones.

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