No hay salud en ellos, a quienes desagrada algo de Tu creación: como tampoco la había en mí, cuando mucho de lo que habías hecho me desagradaba.
Y porque mi alma no osaba descontentarse de su Dios, quería no tener por Tuyo aquello que le desagradaba. De ahí que hubiese caído en la opinión de dos sustancias, y no tenía reposo, sino que hablaba vanidades. Y volviendo de allí, se había hecho a sí misma un Dios, a través de medidas infinitas de todo espacio; y pensó que eras Tú, y lo colocó en su corazón; y se había vuelto de nuevo templo de su propio ídolo, para Ti abominable.
Pero después que me acariciaste la cabeza, sin yo saberlo, y cerraste mis ojos para que no viesen la vanidad, amainé un tanto de mi ser anterior, y mi frenesí se adormeció; y desperté en Ti, y Te vi infinito, pero de otra manera, y esta visión no provenía de la carne.
Y miré hacia otras cosas, y vi que debían su ser a Ti; y que estaban todas limitadas en Ti: mas de un modo diferente; no como estando en el espacio; sino porque Tú contienes todas las cosas en Tu mano en Tu Verdad; y todas las cosas son verdaderas en la medida en que son, ni hay falsedad alguna, sino cuando se piensa que es lo que no es.
Y vi que todas las cosas armonizaban, no solo con sus lugares, sino con sus tiempos. Y que Tú, que solo eres eterno, no comenzaste a obrar tras innumerables espacios de tiempos transcurridos; pues todos los espacios de tiempos, tanto los que han pasado como los que pasarán, ni van ni vienen sino a través de Ti, que obras y permaneces.