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nydus/Hume's Political DiscoursesPublic
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Solitudines famosas retro fundi amoenissimi obliteraverunt, silvas arva domuerunt, feras pecora fugaverunt; arenae seruntur, saxa panguntur, paludes eliquantur, tantae urbes, quantae non casae quondam. Jam nec insulae horrent, nec scopuli terrent; ubique domus, ubique populus, ubique respublica, ubique vita. Summum testimonium frequentiae humanae, onerosi sumus mundo, vix nobis elementa sufficiunt; et necessitates arctiores, et quaerelae apud omnes, dum jam nos natura non sustinet». (De anima*, cap. 30.) El aire de retórica y declamación que se advierte en este pasaje resta algo a su autoridad, pero no la destruye por completo. La misma observación puede hacerse extensiva al siguiente pasaje de Arístides el Sofista, que vivió en la época de Adriano. «El mundo entero», dice, dirigiéndose a los romanos, «parece celebrar una fiesta continua, y la humanidad, depuesta la espada que antes llevaba, se entrega ahora a los banquetes y al júbilo. Las ciudades, olvidando sus antiguas contiendas, conservan una sola emulación: ¿cuál de ellas se engalanará mejor con toda clase de artes y ornamentos? Surgen por doquier teatros, anfiteatros, pórticos, acueductos, templos, escuelas, academias; y puede afirmarse con seguridad que el mundo moribundo ha sido alzado de nuevo por vuestro venturoso imperio.

Y no solo las ciudades han recibido un incremento de ornato y belleza, sino que toda la tierra, como un jardín o paraíso, se halla cultivada y ornada; de tal modo que aquellos hombres situados fuera de los límites de vuestro imperio (que son muy pocos) parecen merecer nuestra compasión y piedad».

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