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III

vino desde Inglaterra expresamente para estar cerca de él y lo acosó con sus atenciones, pero él siguió desempeñando sus funciones con tanta infatigabilidad que no llevaba dos años y medio como embajador en Constantinopla cuando el rey Carlos manifestó su intención de elevarlo al rango más alto de la nobleza. Los envidiosos decían que aquello era el tributo de Nell Gwyn a la memoria de una pierna. Pero, como ella solo lo había visto una vez y por entonces estaba muy ocupada lanzándole cáscaras de nuez a su real amo, es probable que fueran sus méritos lo que le valió el ducado, y no sus

Aquí debemos detenernos, pues hemos llegado a un momento de gran significado en su carrera. Pues la concesión del Ducado fue el motivo de un incidente muy famoso y, de hecho, muy disputado, que debemos describir ahora, abriéndonos paso entre papeles quemados y pequeños trozos de cinta lo mejor que podamos.

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