CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 185 de 312
Table of Contents

IV. Orlando

Aquí tomó posada y comenzó al punto a buscar a su alrededor aquello en busca de lo cual había venido, es decir, la vida y un amante. Sobre lo primero podía haber alguna duda; lo segundo lo encontró sin la menor dificultad dos días después de su llegada.

Llegó a la ciudad un martes. El jueves fue a dar un paseo por el Paseo, como era costumbre entonces entre las personas de alcurnia. No había dado más de un par de vueltas a la avenida cuando fue observada por un pequeño grupo de gente vulgar, que acude allí a espiar a sus superiores.

Al pasar junto a ellos, una mujer vulgar que llevaba un niño al pecho dio un paso al frente, miró con familiaridad el rostro de Orlando y exclamó: «¡Válgame Dios, si no es lady Orlando!».

Sus compañeros se agolparon a su alrededor, y Orlando se vio en un instante convertida en el centro de una turba de ciudadanos mirones y esposas de comerciantes, todos ávidos por contemplar a la heroína del célebre pleito. Tal era el interés que el caso suscitaba en la mente de la gente común.

Es verdad que se habría visto gravemente incomodada por la presión de la multitud —había olvidado que se supone que las damas no deben caminar solas por lugares públicos—, de no haber sido porque un caballero alto dio un paso al frente de inmediato y le ofreció la protección de

185