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III

cajas de música… el señor Peregrine dijo que yo lucía bastante encantadora, lo cual solo te lo repito a ti, querida mía, porque ya lo sé… ¡Oh! ¡Cuánto los añoré a todos!… supera cualquier cosa que hayamos visto en los Pantiles… océanos para beber… algunos caballeros abrumados… lady Betty embelesadora… La pobre lady Bonham cometió el desafortunado error de sentarse sin una silla debajo… Caballeros todos muy galantes… deseé mil veces que estuvieras tú y la queridísima Betsy…

Pero el espectáculo por excelencia, el centro de todas las miradas… como todos admitían, pues nadie podía ser tan vil como para negarlo, era el Embajador en persona.

¡Qué pierna! ¡¡Qué semblante!! ¡¡¡Qué modales principescos!!!

¡Verle entrar en la sala! ¡Verle salir de nuevo! ¡Y algo interesante en la expresión, que hace sentir a una, apenas sabe por qué, que ha sufrido!

Dicen que una dama fue la causa de ello. ¡¡¡El monstruo sin corazón!!! ¡¡Cómo pudo una de las de nuestro pretendido sexo tierno tener la desfachatez de hacerlo!!!

Está soltero, y la mitad de las damas del lugar están locas de amor por él.…

Mil, mil besos para Tom, Gerry, Peter y el queridísimo Mew” [presumiblemente su gato].

De la Gaceta de la época, deducimos que > “al dar las doce en el reloj, el Embajador apareció en el Balcón central, el cual estaba revestido con alfombras de incalculable valor. Seis turcos de la Guardia Imperial, cada uno de más de seis pies de altura, sostenían antorchas a su derecha y a su izquierda. Cohetes se elevaron en el aire a su aparición, y un gran clamor brotó del pueblo, el cual el Embajador agradeció, haciendo una reverencia profunda

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