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V. La gran nube

del bosque en absoluta soledad, dejando a Bonthrop allí sentado entre las conchas de caracol, construyendo maquetas del cabo de Hornos. «Bonthrop», le decía, «me voy», y cuando lo llamaba por su segundo nombre, «Bonthrop», aquello debía significar para el lector que ella se encontraba en un estado de ánimo solitario, que se sentía a ambos como motas de polvo en un desierto, que solo deseaba ir al encuentro de la muerte a solas, porque la gente muere a diario, muere en las mesas de los banquetes, o así, al aire libre en los bosques otoñales; y con las hogueras ardiendo y lady Palmerston o lady Derby invitándola a cenar todas las noches, el deseo de muerte la abrumaba, y al decir «Bonthrop», decía en efecto «Estoy muerta», y se abría paso como un espíritu entre los hayas pálidos como espectros, y así se adentraba a golpe de remos en la soledad, como si el pequeño destello de ruido y movimiento hubiera terminado y ella fuera ahora libre para seguir su camino —todo lo cual debía percibir el lector en su voz cuando decía «Bonthrop»; y debía añadir también, para mejor iluminar la palabra, que para él también esa misma palabra significaba, místicamente, separación y aislamiento y el deambular incorpóreo por la cubierta de su bergantín en mares insondables.

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