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VI

complejidad en una palabra o dos sin que el telegrafista se enterara de nada, y añadió las palabras «Rattigan Glumphoboo», que lo resumían con precisión. Pues no solo los acontecimientos de la mañana le habían causado una profunda impresión, sino que no puede habérsele escapado al lector que Orlando estaba creciendo —lo que no significa necesariamente mejorar— y «Rattigan Glumphoboo» describía un estado espiritual muy complicado —que, si el lector pone toda su inteligencia a nuestro servicio, podrá descubrir por sí

No habría respuesta a su telegrama durante unas horas; de hecho, era probable, pensó, mirando de reojo al cielo, donde las nubes altas corrían con rapidez, que hubiera un huracán en el cabo de Hornos, de modo que su marido estaría en lo alto del mástil, con toda probabilidad, o cortando algún foque desgarrado, o incluso solo en un bote con una galleta de mar. Y así, al salir de la oficina de correos, se dirigió a entretenerse a la siguiente tienda, que era un establecimiento tan común en nuestros días que no necesita descripción, pero que, a sus ojos, resultaba de lo más extraño; una tienda donde vendían libros. Durante toda su vida, Orlando había conocido manuscritos; había sostenido en sus manos las ásperas hojas marrones en las que Spenser había escrito con su letra menuda y enrevesada; había visto la caligrafía de Shakespeare y la de Milton. Poseía, en verdad, un buen número de encios y de infolios, a menudo con un soneto en su loor dentro y a veces un mechón de cabello. Pero aquellos innumerables volúmenes pequeños, brillantes, idénticos, efímeros, pues parecían encuadernados en cartón y impresos en papel de seda, la sorprendieron infinitamente. La obra completa de Shakespeare costaba media corona y cabía en el bolsillo. A decir verdad, apenas se podía leer, pues la letra era muy pequeña, pero no dejaba de ser una maravilla. «Obras», las obras de cada escritor que había conocido u oído nombrar y de muchos más se extendían de un extremo a otro de los largos estantes. Sobre mesas y sillas, más «obras» se amontonaban y revolvían, y estas

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