Swift, y así sucesivamente. Si el lector remite en este punto a El rizo robado, al Espectador, a Los viajes de Gulliver, comprenderá exactamente lo que estas misteriosas palabras pueden significar. En verdad, los biógrafos y críticos podrían ahorrarse todo su trabajo si los lectores tan solo siguieran este consejo. Pues cuando leemos:
Si la Ninfa quebranta la ley de Diana, O una frágil vasija de China sufre un rasguño, O mancha su Honor, o su nuevo Brocado, Olvida sus Rezos o se pierde una Mascarada, O pierde su Corazón, o su Collar, en un Baile.
—sabemos como si le hubiésemos oído cómo la lengua de Mr. Pope titilaba como la de un lagarto, cómo brillaban sus ojos, cómo le temblaba la mano, cómo amaba, cómo mentía, cómo sufría.
En suma, cada secreto del alma de un escritor, cada experiencia de su vida, cada cualidad de su mente está escrita con claridad en sus obras, y sin embargo exigimos a los críticos que expliquen lo uno y a los biógrafos que expongan lo otro. Que el tiempo pese en las manos de la gente es la única explicación de este crecimiento monstruoso.