¡Escóndete!»
Aquí hacen ademán de cubrir a Orlando con sus cortinajes. Las trompetas, mientras tanto, siguen resonando.
“La Verdad y nada más que la Verdad.”
Ante esto, las Hermanas intentan echarse los velos sobre las bocas de las trompetas para silenciarlas, pero en vano, pues ahora todas las trompetas resuenan al unísono.
“¡Horribles Hermanas, marchaos!”
Las hermanas se distraen y se lamentan al unísono, mientras siguen dando vueltas y agitando los velos de arriba abajo.
“¡No siempre ha sido así! Pero los hombres ya no nos quieren; las mujeres nos detestan. Nos vamos; nos vamos.
- Yo (lo dice la Pureza) al gallinero.
- Yo (lo dice la Castidad) a las cumbres todavía vírgenes de Surrey.
- Yo (lo dice la Modesta) a cualquier rincón acogedor donde abunden la hiedra y las cortinas”.