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III

sellar o firmar, ni rúbricas que hacer, ni visitas que devolver, era suficiente. Los gitanos seguían la hierba; cuando esta se agotaba, volvían a ponerse en marcha. Se lavaba en los arroyos, si es que se lavaba; no se le presentaban cajas rojas, azules o verdes; no había una sola llave, por no hablar de una llave dorada, en todo el campamento; en cuanto a «visitar», la palabra era desconocida.

Ordeñaba a las cabras; juntaba leña; robaba un huevo de gallina de vez en cuando, pero siempre ponía a cambio una moneda o una perla;pastoreaba el ganado; podaba las vides; pisaba la uva; llenaba el odre y bebía de él; y cuando recordaba cómo, a esa misma hora del día, debería haber estado haciendo los gestos de beber y fumar sobre una taza de café vacía y una pipa a la que le faltaba tabaco, se echaba a reír a carcajadas, se cortaba otro trozo de pan y pedía una calada a la pipa del viejo Rustum, por mucho que estuviera llena de estiércol de vaca.

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