disputa. Pues es un asunto difícil —esto de medir el tiempo—; nada lo trastorna más rápidamente que el contacto con cualquiera de las artes; y puede que haya sido su amor por la poesía lo que tuvo la culpa de que Orlando perdiera su lista de compras y emprendiera el regreso a casa sin las sardinas, las sales de baño o las botas. Ahora, al estar de pie con la mano en la puerta de su automóvil, el presente volvió a golpearla en la cabeza. Once veces fue violentamente
«¡Maldita sea!», exclamó, pues es un gran sobresaltos para el sistema nervioso oír dar la hora —hasta el punto de que desde hace un rato no hay nada que decir de ella salvo que frunció levemente el ceño, cambió de marcha con maestría y exclamó, como antes: «¡Fíjese por dónde va!», «¿Es que no sabe lo que quiere?», «¿Por qué no lo ha dicho antes, entonces?», mientras el automóvil se lanzaba, giraba, se colaba y se deslizaba, pues era una conductora experta, calle abajo por Regent Street, por Haymarket, por Northumberland Avenue, cruzando el puente de Westminster, a la izquierda, todo recto, a la derecha, todo recto otra vez.