CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 247 de 312
Table of Contents

V. La gran nube

“Dime, Mar”, solía decir (y aquí hay que explicar que, cuando lo llamaba por la primera sílaba de su nombre de pila, se encontraba en un estado de ánimo soñador, amoroso, condescendiente, hogareño, un poco lánguido, como si ardieran leños perfumados y fuera el anochecer, aunque sin ser todavía la hora de vestirse, con un chispeante rocío tal vez afuera, suficiente para hacer brillar las hojas, pero aun así con algún ruiseñor cantando entre las azaleas, dos o tres perros ladrando en lejanas granjas, un gallo cantando —todo lo cual debe imaginarse el lector en su voz)—: “Dime, Mar”, solía decir, “acerca del cabo de Hornos”. Entonces Shelmerdine armaba en el suelo un pequeño modelo del cabo con ramitas, hojas secas y un par de caracoles vacíos.

—Aquí está el norte —solía decir—. Ahí está el oeste. El viento viene de por aquí. Ahora el bergantín navega rumbo oeste; acabamos de arriar la mesana del mastelero; y así ves —aquí, donde está este trocito de hierba— entra en la corriente que verás marcada... ¿dónde están mi mapa y mis compases, Contramaestre? Ah, gracias, con eso

247