CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 95 de 312
Table of Contents

Capítulo II

durante media hora —¿o eran dos años y medio?— en cómo decir simplemente con todas las letras qué es el amor. —Una figura así es manifiestamente falsa —argumentaba—, pues ninguna libélula, a menos que se trate de circunstancias muy excepcionales, podría vivir en el fondo del mar. Y si la literatura no es la Esposa y Compañera de Lecho de la Verdad, ¿qué es? ¡Maldita sea! —exclamó—, ¿para qué decir Compañera de Lecho cuando ya se ha dicho Esposa? ¿Por qué no decir simplemente lo que uno quiere decir y dejarlo en paz?

Así que entonces intentó decir que el verde es la hierba y el azul es el cielo y así aplacar el austero espíritu de la poesía a quien todavía, aunque a gran distancia, no podía dejar de venerar.

«El cielo es azul —dijo—, la hierba es verde».

Alzando la vista, vio que, por el contrario, el cielo es como los velos que mil Vírgenes han dejado caer de sus cabellos; y la hierba huye y oscurece como una bandada de muchachas que escapan de los abrazos de sátiros velludos salidos de bosques encantados.

«Válgame el cielo —dijo (pues había caído en el mal hábito de hablar en voz alta)—, no veo que uno sea más verdad que el otro. Ambos son absolutamente falsos».

Y se desvió de la esperanza de poder resolver el problema de qué es la poesía y qué es la verdad, y cayó en un profundo abatimiento.

Y aquí podemos aprovechar una pausa en su soliloquio para reflexionar sobre lo extraño que era ver a Orlando tendido de codos un día de junio, y pensar que este apuesto muchacho, en pleno uso de sus facultades y con un cuerpo sano, a juzgar por sus mejillas y extremidades —un hombre que jamás lo dudaba dos veces antes de encabezar una carga o

95