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III

Sus secretarios creyeron entonces que era su deber examinar los papeles que había sobre la mesa.

Muchos estaban garabateados con poesía, en la que se mencionaba con frecuencia un roble. También había varios documentos de Estado y otros de índole privada relativos a la administración de sus propiedades en Inglaterra.

Pero al fin dieron con un documento de mucha mayor importancia. No era nada menos, en efecto, que un contrato matrimonial, redactado, firmado y testificado entre su señoría, Orlando, Caballero de la Jarretera, etc., etc., etc., y Rosina Pepita, bailarina, de padre desconocido, aunque reputado gitano, y de madre también desconocida, aunque tenida por vendedora de hierro viejo en el mercado frente al puente de Gálata.

Los secretarios se miraron consternados.

Y Orlando seguía durmiendo. Mañana y tarde lo vigilaron, pero, salvo que su respiración era regular y sus mejillas conservaban su habitual color rosa intenso, no daba ninguna señal de

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