el West End. Al sonar la novena, la décima y la undécima campanada, una enorme negrura se abatió sobre todo Londres. Con la duodécima campanada de la medianoche, la oscuridad fue total. Un revoltijo turbulento de nubes cubría la ciudad. Todo era oscuridad; todo era duda; todo era confusión. El siglo XVIII había terminado; el siglo XIX había comenzado.
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IV. Orlando
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