Que Orlando se había apartado un poco demasiado del presente le llamará la atención, tal vez, al lector que la ve ahora preparándose para subir a su automóvil con los ojos llenos de lágrimas y visiones de montañas persas. Y, en verdad, no se puede negar que los practicantes más exitosos del arte de la vida, por lo general personas desconocidas por otra parte, de algún modo se las arreglan para sincronizar los sesenta o setenta tiempos diferentes que laten simultáneamente en todo sistema humano normal, de modo que cuando dan las once, todos los demás repican al unísono, y el presente no es ni una ruptura violenta ni se olvida por completo en el pasado. * De ellos podemos decir con justicia que viven exactamente los sesent y ocho o setenta y dos años que les asigna la lápida. * Del resto, a unos sabemos que están muertos aunque caminan entre nosotros; algunos aún no han nacido aunque cumplen con las formas de la vida; otros tienen cientos de años aunque dicen tener treinta y seis. La verdadera duración de la vida de una persona, diga lo que diga el Dictionary of National Biography, es siempre motivo de
Table of Contents
VI
289