Esta diferencia de opiniones turbó a Orlando, que había sido perfectamente feliz hasta entonces.
Empezó a pensar si la naturaleza era hermosa o cruel; y luego se preguntó qué era esta belleza; si estaba en las cosas mismas o solo en ella misma; así pasó a la naturaleza de la realidad, lo que la condujo a la verdad, que a su vez la condujo al Amor, la Amistad, la Poesía (como en los días de la colina alta en su hogar); cuyas meditaciones, dado que no podía transmitir ninguna palabra de ellas, la hicieron anhelar, como nunca antes lo había hecho, pluma y tinta.
“¡Oh!, ¡si tan solo pudiera escribir!”, exclamó (pues tenía la extraña ocurrencia de quienes escriben de que las palabras escritas se comparten). No tenía tinta; y apenas papel. Pero hizo tinta con bayas y vino; y al encontrar unos cuantos márgenes y espacios en blanco en el manuscrito