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IV. Orlando

Así pues, ahora que hemos leído una página o dos de El rizo robado (The Rape of the Lock), sabemos exactamente por qué Orlando estaba tan divertido y tan asustado, y con las mejillas y los ojos tan brillantes aquella tarde.

La señora Nelly llamó entonces a la puerta para decir que el señor Addison aguardaba a su señoría. Ante esto, el señor Pope se levantó con una sonrisa torcida, hizo su reverencia y se marchó cojeando. Entró el señor Addison. Leamos, mientras toma asiento, el siguiente pasaje del Spectator:

“Considero a la mujer como un animal hermoso y romántico, que puede ataviarse con pieles y plumas, perlas y diamantes, minerales y sedas. El lince arrojará su piel a sus pies para hacerle una estola, el pavo real, el loro y el cisne pagarán tributo para su manguito; el mar será rastreado en busca de conchas, y las rocas en busca de gemas, y cada rincón de

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