“Yo soy aquella a quien los hombres llaman Modesticia. Virgen soy y por siempre seré. No son para mí los campos fructíferos ni el viñedo fecundo. La procreación me es odiosa; y cuando los manzanos brotan o los rebaños se aparean, huyo, huyo; dejo caer mi manto. Mi cabello cubre mis ojos. No veo. ¡Perdona, oh, perdona!”
Nuevamente resuenan las trompetas.
“¡Fuera la modestia! ¡Largo de aquí la modestia!”
Con gestos de dolor y lamentación, las tres hermanas se toman de las manos y bailan lentamente, agitando sus velos y cantando mientras avanzan:
«La verdad no salgas de tu hórrida guarida. Escóndete más hondo, temible Verdad. Pues pregonas bajo la mirada brutal del sol cosas que valdría más no conocer ni haber hecho; desvelas lo vergonzoso; aclaras la oscuridad. ¡Escóndete! ¡Escóndete!