Habladas con extrema rapidez y una audacia de lengua atrevida que le recordaba a los marineros cantando en los beer gardens de Wapping, las palabras, aun careciendo de significado, eran como vino para él.
Pero de vez en cuando le llegaba a través del hielo alguna frase aislada que era como si hubiera sido arrancada de lo más hondo de su corazón. El delirio del moro le parecía su propio delirio, y cuando el moro asfixiaba a la mujer en su lecho, era a Sasha a quien él mataba con sus propias manos.
Al fin la obra había terminado. Todo se había oscurecido. Las lágrimas corrían por su rostro.
Al mirar hacia el cielo no había más que negrura allí también.
Ruina y muerte, pensó, lo cubren todo.
La vida del hombre termina en la tumba. Los gusanos nos devoran.
Me parece que ahora debiera haber un enorme eclipse De sol y luna, y que el globo aterrorizado Debiera abrirse—
Aun mientras decía esto, una estrella de cierta palidez se alzó en su memoria. La noche estaba oscura; era una oscuridad absoluta; pero había sido en una noche como esta en la que habían esperado; había sido en una noche como esta en la que habían planeado huir. Lo recordaba todo. Había llegado el momento.