casco de oro, obsequiándole asimismo máscaras y pectorales de oro y mosaico, y rodelas, collares, brazaletes y cuentas, todo de oro batido, por valor de tres mil pesos. Con la graciosa generosidad y cortesía que le eran innatas, Grijalva se quitó una casaca y una gorra de terciopelo carmesí que llevaba cuando entró Tabasco, así como un par de zapatos rojos nuevos, y con estos brillantes atavíos vistió al cacique, para su infinito deleite.
Los españoles zarparon de Tabasco con nuevas promesas de amistad y, dos días después, avistaron el pueblo de Ahualulco, al que llamaron La Rambla, porque se observó a los nativos con rodelas de concha de tortuga corriendo de un lado a otro por la orilla.
Más tarde descubrieron el río Tonalá, que posteriormente fue explorado y llamado San Antonio;17 luego el Goazacoalco,18 al que no pudieron entrar debido a vientos desfavorables; y enseguida las grandes montañas nevadas de la Nueva España y una cordillera más cercana, a la que dieron el nombre de San Martín,19 en justicia al soldado que la vio por primera vez.
Vencido por su ardor, Pedro de Alvarado adelantó su barco, de mayor velocidad, y entró antes que los demás en un río llamado por los nativos Papaloapan, pero nombrado por sus soldados en honor a su descubridor;20 falta de disciplina por la cual el capitán recibió la reprensión de su comandante.
El siguiente curso de agua al que llegaron fue llamado río de Banderas,21 porque los nativos aparecieron en gran número, llevando banderas blancas en sus lanzas.
Con estas banderas blancas los nativos incitaron a los extranjeros a desembarcar; por lo que veinte soldados fueron enviados a tierra bajo el mando de Francisco de Montejo, y habiéndoseles deparado un recibimiento favorable, el capitán se acercó con sus naves y desembarcó.