Parece que Sandoval, aunque reforzado por una parte de la hueste de Olid, no pudo lograr entrar en el edificio hacia el cual sus picas habían obligado a retroceder a quienes aún apoyaban a Narváez, habiéndose pasado un buen número de ellos a su bando antes de esto.
Tras observar por un momento las vanas escaramuzas, López, el carpintero de ribera, ideó prender fuego al techo de hojas secas de palma de aquel edificio, por lo demás sólido.
A los sitiados no les quedó más recurso que salir, lo cual hicieron, encabezados por Narváez. Apenas hubieron aparecido en la plataforma, los hombres de Sandoval los atacaron con las picas, y el comandante fue el primero en recibir una estocada en el ojo izquierdo, la cual lo derrumbó mientras exclamaba: «¡Santa María, sálvame!».
En un instante, Pedro Sánchez Farfán se le echó encima,53 y fue arrastrado escaleras abajo y colocado en una capilla. Impresionados por este infortunio, los demás se rindieron rápidamente.
El alférez Fuentes luchó valientemente hasta que fue derribado con dos piquetazos. «¡Nuestra Señora me socorra!», exclamó, aferrado todavía al estandarte. «¡Lo hará!», respondió Sandoval, desviando las picas de los exaltados soldados.54
El grito de victoria y el rumor de la muerte de Narváez habían detenido el flujo de refuerzos procedentes de las casas contiguas, donde ahora solo se pensaba en la defensa. Al reconocer que una carga contra ellas podría encontrar una oposición más decidida, Cortés resolvió poner la propia batería del enemigo a su servicio.55
Para cuando los cañones estuvieron en posición, la mayor parte de las fuerzas de Sandoval y Olid quedaron libres para ayudar a Velázquez de León en la tarea de reducir los cuarteles en los que Salvatierra y Diego Velázquez aún resistían.