¡A por ellos!». El pito y el tambor se unieron y repitieron el eco del grito.48 Olid arremetió contra la batería, dispuesta a lo largo de una terraza en la subida hacia la casa del comandante. Tan repentino fue el ataque que los artilleros que aún permanecían leales solo tuvieron tiempo de disparar un cañón, el cual mató a dos hombres.49 Al instante siguiente, Olid, Pizarro y sus seguidores se habrían apoderado prácticamente de las piezas y presionaban a los defensores, quienes ofrecieron poca resistencia. Al mismo tiempo Sandoval pasó de largo y apresuró la marcha por la escalera hacia la cumbre, donde Narváez se encontraba de pie para recibirlo.50 Una descarga de flechas y balas fue disparada contra él, pero al estar mal apuntada, por consideración a los camaradas de abajo, salió ileso. Nada intimidados, los seguidores de Sandoval avanzaron en columna compacta y en un momento estuvieron en la plataforma de la cumbre. «¡Rendíos!», gritó su líder con firme confianza, a lo cual Narváez respondió con una burla, pidiendo a sus hombres que no perdonaran a ningún traidor. Pero la
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CAPÍTULO XXI. EL GOLPE MAESTRO DE CORTÉS
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