En la batalla era tan iracundo y tan hermoso como Apolo cuando dio muerte a la Pitón. La robusta complexión, de pecho alto y hombros anchos, sostenía un rostro lleno adornado con cabello corto, rizado y de color castaño avellana.
La potente voz, inclinada a veces al seseo, se manifestaba más en la emisión de breves órdenes que en la conversación; pues don Gonzalo era tan enérgico para actuar como parco en palabras. Las extremidades ligeramente zambas denotaban un aprendizaje temprano en la silla de montar.
En efecto, los ejercicios ecuestres eran su delicia, y su caballo Motilla, un alazán con un pie blanco y una estrella en la frente, es descrito por Bernal Díaz como el mejor que jamás viera.
Sandoval se presenta ante nosotros no solo como un hombre admirable, sino como un oficial ideal, en sus cualidades combinadas de ardor juvenil y prudencia, valor y humanidad, modestia de carácter y pureza de corazón. Cortés habló de él después de su muerte con sentimientos de profunda pena, y lo presentó al emperador como uno de los mejores soldados del mundo, apto para comandar ejércitos.7
En Velázquez de León hallamos a otro oficial admirable, que posee muchos rasgos en común con Sandoval. Se le describe como unos cuatro años mayor que aquel joven caballeresco, de complexión robusta y bien formada, buen pecho y hombros, rostro lleno, enmarcado por una barba algo rizada y cuidadosamente arreglada.
Era generoso de manos, diestro con la espada y un jinete experto. Tenía la reputación de haber matado a un hombre prominente y rico en un duelo en La Española, un hecho que lo había obligado a buscar refugio en Cuba junto a su pariente Velázquez.
El más devoto partidario de Velázquez, aunque no le unían a él lazos de parentesco, era su antiguo mayordomo mayor, Diego de Ordaz,8 un