Pinotl, calpixque de Cuetlachtlan, fue el primero de los capitanes de Moctezuma, según los registros indígenas, en hacer observaciones para el emperador sobre los temidos visitantes. Impulsado tanto por el celo en el servicio a su señor como por la curiosidad, Pinotl, junto con varios servidores, provisto de víveres y ricas mantas como presentes, se había mezclado con la multitud que abordó la nave de Grijalva, y se había postrado a los pies del comandante y sus oficiales como ante reyes o dioses.7
Las cuentas y otras baratijas entregadas a cambio de sus bienes las recibieron como muestras inestimables de favor por parte de personajes sobrenaturales. Cuando Pinotl explicó lo mejor que pudo la majestad y la riqueza de su soberano, Grijalva prometió regresar algún día y visitarlo en su gran ciudad.
Llevando consigo pinturas sobre amatl, o papel de maguey, de las embarcaciones con todas sus pertenencias, y de los soldados y marineros con sus armas, armaduras, vestimenta y postura, hasta llegar a su mismísima arrogancia, y dejando órdenes de que los extranjeros fuesen tratados con toda consideración, los principales de la provincia partieron mediante relevos rápidos para informar de la terrible noticia al emperador.8
Al entrar en la presencia imperial, postraron sus cuerpos en el suelo, el cual besaron, declarándose dignos de muerte por haberse atrevido a comparecer sin ser llamados ante su señor, pero su misión no admitía demora. > «¡Oh, soberano temible! —exclamaron—, ¡hemos visto a los dioses! Todos los aquí presentes hemos visto sus casas de agua en nuestras costas. Hemos hablado con ellos, hemos comido con ellos y los hemos palpado con nuestras manos; les hemos dado regalos y hemos recibido a cambio estos tesoros