Cortés se sintió profundamente conmovido por las amables expresiones y ofrecimientos que se le brindaron, y procuró por todos los medios fortalecer esta amistad tan vital. Manifestó un hondo pesar por la muerte de tantos aliados tlaxcaltecas, y se solidarizó en particular con Maxixcatzin por la pérdida de su hija Elvira, quien había caído junto con su esposo Velázquez. Asimismo, distribuyó regalos, principalmente aquellos obtenidos en el campo de batalla de Otumba, e indujo a sus hombres a seguir el ejemplo.
El corazón de Maxixcatzin quedó completamente ganado con el obsequio del estandarte tomado al generalísimo mexica,53 y otros jefes se regocijaron con diferentes trofeos. Las tropas permanecieron en Hueyotlipan durante tres días,54 con el fin de reponerse un tanto, y luego, auxiliadas por numerosos tamemes, prosiguieron hacia la capital.
Aquí toda la población salió a recibirlos, encabezada por los señores, con música, flores y aclamaciones.55 Cortés fue acogido por Maxixcatzin y alojado en su palacio; Alvarado se convirtió en huésped del viejo Xicoténcatl, y los demás recibieron toda clase de atenciones. El recibimiento concluyó con una serie de festividades.56