Así terminó el martes 13 de agosto de 1521, consagrado a san Hipólito y adoptado en consecuencia por los conquistadores como santo patrono de la ciudad. Durante el régimen colonial, el día era celebrado anualmente con una solemne festividad en la que los principales ciudadanos y funcionarios recorrían a caballo la ciudad en procesión,
encabezados por el virrey y el alférez mayor, quien llevaba un estandarte conmemorativo de la conquista.35 Durante setenta y cinco días consecutivos, dice Cortés,36 el sitio había estado tejiendo sus redes en medio de escenas de derramamiento de sangre casi cada hora, en las que habían participado cerca de mil españoles y doscientas veces ese número de aliados, cayendo alrededor de un centenar de los primeros y muchos millares entre los segundos.37
En cuanto a los mexicanos, la mayoría de los primeros cronistas afirman que perecieron cien mil en total, sin contar los que murieron de peste y hambre.38 Por orden de su soberano, tras la proclamación de la paz, el mísero remanente comenzó