Las Casas insiste en que, dado que Cortés no tenía autoridad para fundar un asentamiento, su nombramiento de un ayuntamiento era ilegal, y por consiguiente la elección que este hizo de él.
Nadie supuso ni por un momento, y menos que nadie Cortés, que estos procedimientos fueran regulares. No eran más que una legalidad fingida. Pero al seguir la versión de Gómara, Las Casas no logró comprender que el nombramiento fue conferido por la mayoría popular en nombre del rey, lo cual, aunque no fuera estrictamente legal, revistió todo el asunto con una apariencia de legalidad. Además, con destreza consumada, Cortés hizo parecer que la expedición lo obligaba a obrar como lo hizo; y si estas maniobras no legalizaban la transacción, fueron el medio para tejer un fuerte vínculo entre los hombres y su líder, un vínculo que el rey Carlos y todos sus legisladores jamás habrían podido crear. Cortés ya no era el jefe de la expedición de Velázquez, sino el líder de la milicia de Veracruz, como podría llamarse ahora al ejército, y solo podía ser destituido por el poder que lo había colocado allí o por el emperador.16
Aunque la oposición ya era en vano, los partidarios de Velázquez denunciaron a voces todo el asunto, lo tildaron de conspiración y engaño, y se negaron a reconocer a Cortés como su líder. Tan injuriosos se volvieron que una ruptura abierta era inminente.
Los líderes de esta facción eran Velázquez de León, Ordaz, Escobar, Pedro Escudero, Morla y el sacerdote Juan Díaz.
Vendo la necesidad de una acción inmediata, Cortés apresó a los dos primeros, junto con unos cuantos más, y los envió a bordo engrilletados, mientras Alvarado salía en busca de víveres con un centenar de hombres, en su mayoría partidarios de los líderes disidentes.17 Encontraron un país fértil y varios pueblos pequeños. Los habitantes huyeron a su llegada, dejando en el templo indicios de recientes sacrificios humanos. En un edificio, con una base piramidal de varios pies