unida ahora a la circunstancia más ventajosa de un campo abierto, se puso en marcha, dejando las hogueras encendidas para adormecer la vigilancia del enemigo. Se designaron ocho capitanes para las diferentes secciones a fin de mantener el orden de marcha establecido,21 y Cortés, con una parte de la caballería, ocupó la retaguardia por ser el puesto de peligro. El resto de los jinetes iba a la cabeza, mientras que la infantería firme formaba un cordón para el centro, en el cual los heridos eran transportados en hamacas o avanzaban cojeando con muletas improvisadas a toda prisa, y unos pocos iban montados a la grupa de los jinetes. Apenas había abandonado la retaguardia el templo cuando el enemigo se les vino encima con espadas y lanzas, empleándose ahora contra los propios españoles muchas de las armas capturadas y recuperadas. Pero el ataque no fue severo, en parte porque los perseguidores se habrían reducido a bandas irregulares de los asentamientos de tierra firme, cuyo objetivo principal era el saqueo. Al amanecer se divisó el pueblo de Calacoayan, y al aproximarse a él, los exploradores montados tropezaron en un barranco con una emboscada tendida por los guerreros de la localidad. Creyendo que eran numerosos, los jinetes galoparon de regreso y, unidos a otros, volvieron para cargar. Se cuenta que, al detenerse el líder un momento para organizar el ataque, un soldado perdió la paciencia y, levantando una bandera improvisada en su lanza, exclamó: «¡Santiago! ¡Sígame quien se atreva!». El resto respondió y el enemigo fue derrotado con gran matanza.22 El pueblo fue saqueado en busca de comida e incendiado como advertencia para los atacantes. Se reanudó la marcha y se llegó a la llanura de Tizaapan, pero debido al combate en el pueblo y a las escaramuzas constantes, aquel día solo se avanzaron tres leguas. Hacia el atardecer llegaron a la aldea de Teuculhuacan y tomaron pacíficamente posesión del templo para pasar la noche.23
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CAPÍTULO XXVII. RETIRADA A TLASCALA. Julio de 1520.
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