Este último acababa de capturar el último canal y las trincheras cerca de la plaza del mercado, tras un reñido combate, y ahora el general y su valiente teniente entraron en el mercado y ascendieron la elevada pirámide, sobre la cual el estandarte real ondeaba con orgullosa bienvenida, mientras que a su lado las cabezas aún ensartadas de víctimas blancas y oscuras recordaban la amarga venganza que aún quedaba por cobrar. Observando la ciudad a sus pies por todos lados, Cortés dice: > «Parecía indudable que de ocho partes habíamos ganado siete». La que fuera una magnífica metrópolis, la más hermosa y grande de todo el continente septentrional, mostraba ahora una masa de ruinas, a través de la cual los amplios caminos nivelados por los invasores conducían al único rincón que aún les quedaba a los asediados,17 donde, entre el hambre, la peste y los cuerpos en putrefacción, se apiñaban en masas compactas, lanzando desde su seno los gemidos de los moribundos y fuertes lamentos, en una atmósfera tan pestilente que los soldados que entraban por las calles recién abandonadas
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CAPÍTULO XXXIV. LA CONQUISTA CONSUMADA. Julio-agosto de 1521.
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