Mientras los mensajeros se marchaban con este consuelo tan frío, llegaron embajadores de Huexotzinco y Quauhquechollan. Habían visto las columnas de humo de las señales de los aliados hostiles y habían venido a preguntar si podían ser de utilidad. Las propuestas llegaron en el momento más oportuno.
Los huexotzincas y los quauhquechollans habían abrigado durante mucho tiempo un odio hacia los chalcas, por ser naturales de una provincia azteca contra cuyas fuerzas se habían alineado a menudo, pero Cortés expuso el verdadero estado de las cosas y convenció a los respectivos enviados del importante servicio que podían prestarse a sí mismos y a su nuevo soberano, al que todos debían lealtad, olvidando sucesos de los que sus opresores eran culpables, y uniéndose para prestarse ayuda mutua. Sus argumentos fueron convincentes, y tanto Huexotzinco como Quauhquechollan prometieron apoyar inmediatamente a los chalcas con una gran fuerza.
Los aztecas no parecen haber pasado de las amenazas sino hasta después de la retirada española de Tlacopan, pero dos días después de su regreso a Tezcuco, se presentaron mensajeros chalcas con tales súplicas que Sandoval fue enviado en su auxilio con veinte caballos, trescientos infantes y una fuerza de aliados,9 grandemente reforzada en Chalco por huexotzincas, quauhquechollans y chalcas. Al llegar ante Chimalhuacan,10 halló al enemigo formado en orden de batalla en tres grandes divisiones. Se abalanzaron contra los invasores. * La caballería les salió al encuentro, rompiendo sus filas y sembrando la confusión. * Retirándose a un terreno más accidentado, donde estaban relativamente a salvo de los caballos, se reagruparon para hacer frente a la infantería, pero las descargas bien dirigidas de armas de fuego y ballestas resultaron ser otra sorpresa, la cual preparó el terreno para una carga eficaz de espadachines