anunció la confiscación de los bienes de sus seguidores y les declaró una guerra abierta.27
Inmediatamente después de enviar su ultimátum, Cortés levantó el campamento y siguió a sus mensajeros a marcha rápida. En el río de Canoas, o La Antigua, Velázquez le alcanzó con cartas de Duero y otros. Probablemente habían sido escritas bajo un acuerdo concertado de antemano, pues fueron leídas a los capitanes y discutidas, cuyo resultado fue una resolución unánime de avanzar. Así que siguieron adelante, mientras Cortés exclamaba: «¡Muera el asno o quien lo arrea!».
Cruzando el caudaloso río con cierta dificultad,30 se apresuró hacia el río Chachalacas, a más de una legua de Cempoala, donde se instaló el campamento silenciosamente y sin hogueras.31 Este repentino movimiento, producido inmediatamente después de la entrevista de Duero con Cortés, confirma la suposición de que ellos habían urdido una conjura para sorprender a Narváez en circunstancias ventajosas dispuestas por sus cómplices. No iba a haber medidas a medias; todo debía jugarse a una sola carta.32