Al enterarse de esto, el general hizo azotar al hombre en la sala de los soldados, y ello sin importar su condición de buen soldado y arquero de gran habilidad. A otro que mostró insolencia hacia el emperador se le ordenó la horca, pero se libró con unos azotes por intercesión de los capitanes y de Moctezuma.11 Esta severidad garantizó el respeto no solo hacia el emperador, sino también hacia Cortés, de modo que el cuartel se convirtió en un ejemplo sobresaliente por su buen orden.12
Los españoles se unieron de corazón con los cortesanos nativos para entretener al cautivo y alejar de él, en la medida de lo posible, todo aquello que pudiera recordarle su perdida libertad. Hallaba gran deleite en sus ejercicios militares, que le recordaban la ajada destreza de su juventud y mostraban las tácticas que tanto habían contribuido a la supremacía española sobre las armas nativas.
También disfrutaba de los deportes, y entre los juegos el totoloque era su preferido. Este consistía en lanzar pequeñas bolas de oro a piezas del mismo metal dispuestas como blanco a cierta distancia. Cinco puntos ganaban la apuesta. Cortés jugaba a menudo con él, y Alvarado, que llevaba la cuenta para el general, solía anotarle más puntos de los que le correspondían. Moctezuma protestaba juguetonamente por tal anotación, si bien lo que Cortés ganaba lo entregaba a los servidores mexicanos, mientras que Moctezuma obsequiaba sus ganancias a la guardia española.13
Montezuma was at times allowed to visit his palaces, and to enjoy the hunting-field, but these trips were of rare occurrence, owing to the danger of popular demonstrations.14 On such occasions, says Cortés, the escort of prominent Mexicans numbered at least three thousand. The first time Montezuma requested this privilege it was for the purpose of offering prayer and sacrifice at the