Ojos avizores vieron el dilema del gobernador, y lenguas taimadas se movieron oportunamente con agudeza. Cerca de él en sus labores cotidianas se hallaban dos hombres, ambos de baja estatura, pero de cabeza grande, y amplios en experiencia y sagacidad. Uno era el secretario del gobernador, Andrés de Duero, y el otro el contador real, Amador de Láres. Ambos poseían dotes poco comunes; eran diestros en todo artificio, y sabían hacer ver a su amo lo blanco negro; si bien Láres no sabía escribir, no había dejado de sacar provecho de una carrera de veintidós años en Italia, durante la cual alcanzó la honrosa distinción de maestresala del Gran Capitán, y rara vez le resultaba difícil inclinar al inestable Velázquez hacia sus propósitos, aunque estos no fueran siempre los más puros y mejores.14 Siguiendo el ejemplo del gobernador, estos dos dignos sujetos no eran aversos a mejorar sus fortunas asegurando, con poco riesgo o gasto, una participación en la conquista de la Nueva España; y así prestaron atención cuando el alcalde de Santiago insinuó
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CAPÍTULO III. REGRESO DE GRIJALVA. UNA NUEVA EXPEDICIÓN ORGANIZADA. 1518.
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