En referencia a los tesoros aquí obtenidos, y al día del desembarco, la nueva villa fue llamada Villa Rica de la Vera Cruz.9
Cortés, como comandante, nombró a los oficiales municipales,10 designando como alcaldes a Puertocarrero y a Montejo, una acertada elección, tanto para sus propios intereses como por ser propensa a recibir la aprobación general.
Y aquí se vuelve a manifestar la sutil política de Cortés, quien para este importante cargo nomina a uno solo de entre su propia facción, siendo Montejo partidario de Velázquez. De este modo, de un oponente hizo un aliado, conciliando al mismo tiempo a todo el partido de Velázquez.11
Los regidores eran Alonso de Ávila, Pedro y Alonso de Alvarado, y Gonzalo de Sandoval; procurador general, Francisco Álvarez Chico; alguacil mayor, Juan de Escalante; escribano, Diego de Godoy. Junto a estos fueron nombrados, en interés del departamento militar, como capitán de entradas Pedro de Alvarado; maestre de campo, Cristóbal de Olid; alférez, Corral; alguaciles de real, Ochoa y Romero; tesorero, Gonzalo Mejía; contador, Alonso de Ávila.12
Casi todos estos hombres eran devotos de Cortés y constituían, por tanto, un poderoso point d’appui para su proyecto.
Hasta ahí todo marchaba bien. Los hombres de Velázquez y los hombres de Cortés, todos españoles, por un mismo Dios y un mismo rey, habían decidido por su propia voluntad fundar aquí un asentamiento español, y así lo habían hecho. En virtud de su cargo, y ante la ausencia de cualquier autoridad superior, el capitán general había elegido oficiales temporales para la nueva comunidad. Eso era todo. Aquellos hombres habían decidido transformar el ejército en una sociedad civil, con fines temporales o permanentes según el caso; y así lo