Moctezuma se quedó atónito ante semejante sacrílega impudencia. Él, el augusto soberano ante quien incluso los príncipes se prosternaban, a cuya palabra surgían ejércitos y ante cuyo nombre temblaban los poderosos gobernantes, ¡que él fuera tratado así por un puñado de hombres a quienes había recibido como huéspedes y colmado de regalos, y esto en su propio palacio!
Por un momento se quedó mudo, pero el cambiante aspecto de su rostro revelaba la agitación interior. Al fin exclamó que él no era la persona para ser tratado de ese modo. No iría. Siempre podían encontrarle en su palacio.
Cortés pleaded that his presence among the soldiers was necessary, not merely as a declaration of his innocence, but to allay the rumors which had reached them that he and his people were plotting for their destruction.
Montezuma again made an indignant denial; but added that, even if he consented to go, his people would never allow it.
His refusal, insisted the general, would rouse the worst suspicions of his men, and he could not answer for their acts. Mexico might meet the fate of Cholula, and he with it.22
Moctezuma comenzó entonces a suplicar, y ofreció entregar a sus hijos legítimos como rehenes con tal de librarse de la deshonra de ser hecho prisionero. Esto no podía ser, fue la respuesta. El cuartel español era su propio palacio, y fácilmente podría persuadir a sus súbditos de que iba allí por poco tiempo por su propia voluntad, o por mandato de los dioses.23
Sería tratado con toda consideración, y disfrutaría de su comodidad habitual, rodeado de favoritos y consejeros. El plan no implicaba más cambio que el de residencia, a un lugar donde estaría bajo vigilancia secreta.