piel de tigre, o con una diadema de oro o plata que daba la apariencia de yelmos metálicos. El cuerpo iba cubierto con coseletes de plumas rojas, verdes o amarillas, labrados en oro y dispuestos de tal modo que indicaban la compañía o el distrito al que pertenecía el portador. Debajo relucían ocasionalmente corazas de oro o plata. Las extremidades estaban cubiertas con armaduras de madera o cuero engastadas con plumas o láminas de oro. Una armadura corporal más común era la túnica de algodón, de uno o dos dedos de grosor, que se extendía hasta las rodillas y los codos. Equivales casi al protector de algodón acolchado utilizado en la costa oriental, cuya eficacia contra las armas indígenas había llevado a los españoles a adoptarlo. La túnica estaba adornada con plumas que correspondían en color y disposición al uniforme, por lo general en forma de animal. Muchos se distinguían por cascos con forma de cabeza de águila y por armaduras moteadas como piel de tigre, indicativas de las dos órdenes de los Quauhtin y Ocelome, águilas y tigres. A la cabeza de las distintas columnas aparecían oficiales con pequeños tambores, pintados y adornados con plumas, con los que dirigían la marcha. Más allá, en el centro de las masas, podían verse estandartes con emblemas de diversos colores y formas, que los tlaxcaltecas señalaban como pertenecientes a diferentes barrios y a ciudades de tierra firme, señal de que se había reclutado a un numeroso cuerpo de tropas para la guerra.23
A medida que las fuerzas se acercaban, honderos y flecheros aparecieron en los tejados de los edificios vecinos, los cuales, junto con los de abajo, comenzaron a enviar piedras, flechas y dardos en lluvia sobre el fuerte. Los españoles respondieron con una serie de descargas, habiéndose aumentado el número de cañones a doce o más. El efecto fue meramente el de sobresaltarlos por un momento, y siguieron avanzando sobre muertos y moribundos, en medio de gritos de aliento, hasta llegar a los