de los caballos muertos durante la campaña,32 y otra suma para los gastos y las partes de los procuradores en España, mientras que se asignaron dobles o especiales porciones a los sacerdotes, los capitanes, los dueños de caballos y los hombres con armas de fuego y ballestas.33 Tras todas estas deducciones, quedó muy poco para la tropa rasa: cien pesos, si hemos de dar crédito a Bernal Díaz.34 Muchos se negaron indignados a aceptarlo; otros lo tomaron, pero se sumaron a las protestas
Casi es demasiado pedir a los buitres que no se peleen por su presa. El murmullo contra el quinto real fue bastante fuerte, pero el segundo quinto para Cortés levantó un gran revuelo.
«¿Acaso vamos a tener un segundo rey?», preguntaban.
Otros inquirían: «¿Para la flota de quién estamos pagando?». Querían saber además si la fama y el ascenso adquiridos para el general por sus hombres no podían satisfacer algunas de sus pretensiones, al menos por el momento.
Una vez antes habían entregado dinero ganado con esfuerzo para complacerlo y promover su crédito ante el rey, y ahora, cuando se les había llevado a esperar una recompensa, se les volvía a arrebatar.
Algunos decían que una gran proporción de los tesoros había sido asegurada por Cortés y sus favoritos antes de que comenzara el reparto; y el valor de las pesadas cadenas de oro y otros ornamentos exhibidos por ellos fue señalado de manera significativa como desproporcionado respecto a su parte.
La sospecha fue confirmada por una disputa que ocurrió poco después entre Velázquez de León y el tesorero Mejía respecto al pago del quinto