La orden era necesaria en vista de la reocupación por parte de los mexicanos de los canales de los cuales habían sido expulsados recientemente, y de sus acosos, principalmente de noche, contra los campamentos y las flotas. El campamento de Alvarado, por ser el más cercano a la ciudad, era el más expuesto, y en Sandoval, con su probada prudencia, se podía confiar mejor para contrarrestar la temeridad de su comandante al repeler dichos ataques. Al conocer la señal para las salidas, que por lo general era un disparo, el enemigo era advertido a tiempo para retirarse o para tramar alguna emboscada o combinación; de modo que la carga de los soldados aportaba escasa ventaja.
En cierta ocasión, según se cuenta, un escudero llamado Peinado salió fuera de la puerta del campamento y se vio rodeado por una horda de merodeadores. La huida era imposible. Ante este dilema, comenzó a hacer sonar su escudo y su espada, y a gritar, mirando al mismo tiempo hacia el campamento. El enemigo supuso de inmediato que estaba haciendo señales a algún grupo en emboscada, y emprendió una retirada apresurada.33 Durante varios días34 los españoles permanecieron inactivos. Durante este tiempo los mexicas continuaron con su sacrificio diario