podía acarrear consecuencias más graves de lo que se había supuesto al principio. El rumor sobre los extraordinarios procedimientos en la cima del templo se había extendido, y multitudes armadas y amenazantes se congregaban al pie, impedidas de subir a defender a sus dioses únicamente por la escolta de reserva española43. ¿Por qué no habrían de luchar por su religión como los demás? Al ver que la presencia del emperador era necesaria para calmarlos, Cortés le permitió ir. Pronto llegó, bajo una fuerte guardia, y señalando a las masas exaltadas, razonó con Cortés sobre la inutilidad y el peligro de su apresurado proyecto. Este último insistió obstinadamente, y tras una consulta con los sacerdotes se acordó ceder ambas capillas de la cima de Huitzilopochtli y Tezcatlipoca al culto cristiano,44 con la condición de que los ídolos del interior fueran retirados únicamente por las manos reverentes de los sacerdotes. Esto se llevó a cabo mientras el emperador permanecía en la cima. Las capillas fueron entonces blanqueadas, se plantó una cruz y se levantaron dos altares, sobre los cuales se colocaron la imagen de la virgen y de un santo al que Tapia llama San Cristóbal45.
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CAPÍTULO XIX. POLÍTICA Y RELIGIÓN. 1520.
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