pasearon ante sus visitantes; y cuando este relinchó, se encabritó y se precipitó para alcanzar a su compañera, les dijeron a los nativos que la gran bestia estaba enojada debido a la paz que se estaba firmando, y que solo más regalos lo pacificarían.
A la mañana siguiente, Tabasco se presentó en persona, acompañado de un numeroso séquito y llevando regalos, entre los cuales había algunos ornamentos de oro de poco valor y veinte esclavas. Las condiciones dictadas por Cortés fueron que devolvieran a sus mujeres y niños a la aldea en el plazo de dos días, como muestra de buena fe, y que se entregara al traicionero Melchor. Pero el desafortunado intérprete ya había muerto en pago a sus malos consejos. Era inútil exigir oro, pues allí había poco o ninguno. Así pues, procedieron inmediatamente a exponer las doctrinas de su fe; a presentarles las verdades del evangelio que habían venido a traer desde tan lejos.
Se erigió un altar en el templo principal, sobre el cual se colocó una gran cruz. Desde este altar, el padre Olmedo predicó a los nativos, y aquí fueron bautizados los primeros conversos a la iglesia en la Nueva España, que consistían en las veinte esclavas, las cuales fueron repartidas después entre los capitanes.
Siguió después la solemne muestra de vasallaje por parte de los caciques de la provincia de Tabasco al rey de España, y la fundación formal de la gran población, que fue llamada Santa María de la Victoria, en conmemoración de la victoria.34
Estando próximo el Domingo de Ramos, se resolvió celebrarlo de tal manera que impresionara aún más a los nativos. Ataviados con sus ropas más vistosas, con palmas en las manos y estandartes en alto, los españoles marcharon en solemne procesión, al son de cantos armoniosos, alrededor del templo; y cuando aquellos valerosos hombres de guerra se humillaron ante los símbolos de su fe, los atónitos paganos pensaron que grande en verdad debía ser el dios adorado por tales seres.