Advertido por su comandante de que estuviera muy atento a la presencia del emperador, Sandoval no había dejado de observar el movimiento, y de inmediato ordenó a García de Holguin, capitán de la embarcación más rápida, que diera alcance a los fugitivos, los cuales bien podían ser personas principales. Ayudado tanto por velas como por remos, Holguin los alcanzó con rapidez, y ellos comenzaron a dispersarse en distintas direcciones, evidentemente con la intención de confundirlo; pero un cautivo a bordo señaló una de lascanoas como la que con mayor probabilidad llevaba al emperador.31
Al aproximarse a ella, los ballesteros apuntaron con sus ballestas, tras lo cual se hizo una señal de rendición, acompañada del ruego suplicante de que allí se encontraba Quauhtemotzin. Cuando el regocijado Holguin bajó para asegurar a sus prisioneros, entre quienes se encontraban la joven emperatriz, el rey de Tlacopan y otros personajes prominentes,32 el monarca le pidió que respetara a su consorte y a su séquito. En cuanto a él mismo, quedaba a su disposición.
Conducido por su captor, pasó por las calles hasta la presencia del conquistador, objeto de diez mil ojos, pues el rumor le había precedido. Los hombres suspendieron la matanza para contemplarle. En la distancia se escuchaba el estrépito de la batalla, pero a lo largo del camino del cautivo se hizo un silencio.