nuevo, y el su-su de la semilla que caía se elevó solitario en el silencio de la noche.
Por fin todo quedó en silencio. Un largo silencio. Luego de nuevo el aire pareció llenarse de repente con aquel gran y terrible grito; su eco resonó a lo distancia y oyeron la voz ronca de Elspeth golpeando en sus oídos:
‚Äú ¡La semilla ya está sembrada! ¡La semilla ya está sembrada! ‚Äù