alegres y bondadosos sin sentirse atraído por ellos. * Nadie podía cruzar el umbral de las cabañas sin ver los viejos y conocidos problemas de la vida y la lucha. Cada vez más, por consiguiente, la labor contó con la aprobación de la señorita Taylor, y así se lo hizo saber a la
Al mismo tiempo, Mary Taylor había llegado a otras conclusiones definitivas:
- creía que era un error alentar las ambiciones de estos niños en gran medida;
- creía que debían ser sirvientes y granjeros, contentos con trabajar bajo las condiciones actuales hasta que esas condiciones pudieran cambiarse; y
- creía que la aristocracia blanca local, ayudada por la filantropía norteamericana, debía hacerse cargo de dichos cambios graduales.
Estas conclusiones no pretendía haberlas originado; pero las adoptó a partir de lecturas y conversaciones, tras dudar durante un año ante contradicciones tan desconcertantes como Bles Alwyn y Harry Cresswell. Para ella, concluir que debía tratar a Bles Alwyn como a un hombre a pesar de su color era tan imposible como pensar que el señor Cresswell era un criminal. Era imperativo algún compromiso que le ahorrara la pérdida de la compañía del señor Cresswell y, al mismo tiempo, dejara abierta una vía para cumplir con el deber del mundo hacia este muchacho negro. Creía haber encontrado este compromiso y le escribió a la señora