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nydus/The Quest of the Silver FleecePublic
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VI. Cotton

Algodón

El grito de los desnudos recorría el mundo. Desde el campesino que se fatiga en Rusia, la dama que holgazanea en Londres, el jefe que se abrasa en África, y el esquimal que se hiela en Alaska; desde largas filas de hombres hambrientos, desde pacientes mujeres de ojos tristes, desde ancianos y niños que gateantes se arrastran, se elevaba el grito: «¡Ropa, ropa!». Allá lejos, la ancha tierra negra que ciñe el Sur, donde la señorita Smith trabajaba y la señorita Taylor se afanaba y Bles y Zora soñaban, la densa tierra negra intuyó el grito y oyó el latido de una vida de respuesta en el vasto y oscuro pecho. Toda esa oscura tierra se agitaba en un potente parto con los capullos reventados del algodón, mientras espíritus negros y tutelares de la tierra revoloteaban por encima, sudando y tarareando al son de sus dolores de parto.

Tras el milagro de las cápsulas reventadas, cuando la tierra brillaba más con la neblina acumulada del Vellón, y cuando el clamor de los desnudos era más fuerte en boca de los hombres, una súbita nube de trabajadores enjamó entre el Algodón y los Desnudos, hilando y tejiendo y cosiendo y acarreando el Vellón y minando y acuñando y trayendo la Plata hasta que el Canto del Servicio llenó el mundo y la poesía de la Labor estuvo en las almas de los obreros.

Sin embargo, siempre y en todo momento había hombres tensos, silenciosos y de rostros pálidos moviéndose en aquel enjambre que no sentían ninguna poesía ni escuchaban canción alguna, y uno de ellos era John Taylor.

Era alto, delgado, frío e incansable, y se movía entre los Vigilantes de este Mundo del Comercio. En las opulentas oficinas de Wall Street de Grey y

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