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nydus/The Quest of the Silver FleecePublic
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El regreso de Zora

La escuela seguía su curso; a diario, la oscura nubecilla de alumnos bajaba de colinas y valles para instalarse en los edificios blancos; el murmullo de las voces y el trasiego de los laboriosos maestros llenaban el día; el trabajo de oficina proseguía metódicamente; pero, detrás de todo ello, la señorita Smith permanecía medio desahuciada. Mantener la escuela costaba cinco dólares al año, y esa suma la recaudaba con una dificultad cada vez mayor. * El año pasado había sido necesario un esfuerzo adicional y desgarrador para reunir los ochocientos dólares extra destinados al pago de los intereses de la hipoteca. * El año próximo tal vez tendría que salir de los ingresos ordinarios y recortar así a dos maestros. Más allá de todo esto, conseguir diez mil dólares para saldar la hipoteca parecía sencillamente imposible, y la señorita Smith aguardaba con fatal resignación la llegada

«Es la obra del Señor. He hecho lo que he podido. Supongo que si Él quiere que esto siga, encontrará el modo. Y si no quiere...» Miró a lo lejos, a través del pantano, y se quedó en silencio.

Llegó entonces la carta de Zora, sencilla y breve, pero que exhalaba juventud y firmeza de propósito. La señorita Smith se aferró a ella como a un presagio de salvación. En vano su perspicaz raciocinio de Nueva Inglaterra se preguntaba: «¿Qué puede hacer una muchacha negra a medio educar en este desierto?». Su corazón le respondía: «¿Qué hay imposible para la juventud y la determinación?». Que aumentara la penuria; que se acumularan las deudas; que los huéspedes se quejaran y los profesores cuchichearan... Zora vendría. Y de

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