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nydus/The Quest of the Silver FleecePublic
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XXIX. Un amo del destino

y contempló fijamente la ciudad que una vez le había parecido tan atrayente. De algún modo parecía un pantano, solo que menos hermoso; estiró los brazos y sus labios exhalaron: «¡Zora!».

Se volvió apresuradamente hacia su escritorio y miró el otro correo‚ÅÝ‚Äîuna sola nota sellada cuidadosamente escrita en papel grueso. No reconoció la caligrafía. Luego su mente volvió a volar. ¿Qué dirían si no lograba conseguir el cargo? Cómo se burlarían y mofarían en silencio del advenedizo que de repente había subido tan alto y caído. Y Carrie Wynn‚ÅÝ‚Äîla pobre Carrie, con su orgullo y su posición arrastrados a su ruina: ¿cómo se lo tomaría? Se retorció en su alma. Y, sin embargo, ser un hombre; decir con calma, «No»; pararse ante ese gran auditorio y decir, «Mi gente, primero y último»; tomar la mano de Carrie y juntos enfrentar el mundo y luchar de nuevo por triunfos nuevos y más finos‚ÅÝ‚Äîtodo esto estaría muy cerca de alcanzar el ideal. Se descubrió a sí mismo mirando fijamente la pequeña carta. ¿Se iría? ¿Dejaría a un lado, podría dejar a un lado su orgullo y su cinismo, sus maneras delicadas y sus pequeños caprichos? Una extraña ocurrencia lo asaltó: tal vez la respuesta al enigma yacía sellada dentro del sobre que jugueteaba entre sus dedos.

Lo abrió. Dentro había cuatro líneas

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