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nydus/The Quest of the Silver FleecePublic
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XII. La Promesa

precipitando fragmentos humanos al cielo y al infierno. Alrededor de este hogar escolar, como en torno al centro de algún pequeño universo, había girado el drama doloroso, sórdido, risueño y palpitante de un mundo: dolores de parto y el estupor de la muerte; hambre y pálido asesinato; el desenfreno de la sed y las orgías de cabañas rojas y negras como la de Elspeth, agazapada

Gemía al leer sobre las extravagancias del mundo y ver cómo menguaban sus propios ingresos; pero los fondos continuaron disminuyendo hasta que Sarah Smith se preguntó: «¿Qué será de esta escuela cuando yo muera?». Con dedos temblorosos se había sentado a calcular cuántos maestros tendrían que ser despedidos el próximo año, cuando llegó la carta de su hermano, y ella se dejó caer de hinojos y rezó.

La decisión de la señora ¬ÝGrey se debió en gran medida a los informes de Mary Taylor. Lenta pero firmemente, la muchacha había empezado a pensar que se había hallado a sí misma en este nuevo mundo. Jamás llegaría a sintonizar plenamente con él, pues estaba hecha para otra música. El velo del color y de la raza aún pendía espeso entre ella y sus alumnos; y, sin embargo, le pareció ver algunos puntos de acceso. * Nadie podía encontrarse a diario con un centenar o más de estos niños

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